Estuve revisando las páginas web de periódicos locales y aparentemente no llegamos a ser noticia: el robo a una caja municipal local dejó a la gente del distrito sin internet, teléfono y televisión por cable parte del viernes y del sábado. En un plan que tuvo mucho de cinematográfico -al menos, de las películas de antaño-, un grupo de ladrones alquilaron una casa para poder hacer un forado al local contiguo, que era la mencionada caja municipal; para evitar las alarmas y todo tipo de comunicación, cortaron las líneas de teléfono, internet y cable. Literalmente: se subieron a los postes del tendido eléctrico alrededor y cortaron los cables. Y tal parece también que nadie notó el robo sino hasta la siguiente: sorprendentemente para un pueblo tan pequeño y chismoso como éste, la noticia se difundió tiempo después, luego de que la gente se preguntara si acaso les habían cortado el cable por falta de pago o conexión clandestina, por un lado, o si Telefónica estaba haciendo más pruebas y tras bajar la palanca, se habían olvidado de levantarla (pues, no me dirán que en alguna ocasión no han tenido un problema de conexión a internet que se arregló misteriosamente cuando llamaron a la central telefónica y, un ups, era esto mediante del operador de turno, la línea regresó a la vida).
Entre otras noticias que sí incumben a la mayoría, estoy segura de que el sismo del domingo, más que preocupación, está agregando a la neurosis de siempre de los peruanos. Todos estamos al tanto de que un terremoto podría ocurrir ahora mismo, en cinco minutos o pasado mañana -o, en otras palabras, en cualquier momento-, pero dos sismos de más de 6.0 grados Richter y uno de 4.4 en la misma semana, ¿podrían sentirse más como un presagio? O como más material para titular de tabloides. Sumados a los periódicos dedicados a los deportes, los tabloides amarillistas centrados en noticias de la farándula y aquellos especializados (es que no se me ocurre otra palabra para describir a los que cubren desde temas de salud naturista, a temas de sexo que prácticamente pasan por periódicos pornográficos en clave menor), en los últimos meses he visto algunas publicaciones que dedican sus portadas y buen número de sus páginas a hablar de las tres mil y una maneras en las que el profeta de turno predijo que se acabaría el mundo, en la profecía de la Virgen de Fátima todavía sin revelar (sin pretender sonar profana… por la cantidad de “profecías” atribuídas, más bien parecería que en vez de los tres secretos nos pasaron todo el legajo apocalíptico), en los dos millones de asteroides que ahorita se chocan contra la Tierra, etc. etc. etc. Y así es como la semana pasada, revisando los titulares de los periódicos, encontré con que mientras uno daba cuenta del daño sufrido a la principal vía terrestre en la selva a causa del terremoto en Bagua, el otro hablaba de ¡cerros cayéndose! ¡caseríos enteros tragados por la Tierra! ¡partes de la selva desaparecidos! ¡el fin del mundo! O al menos éso es lo que decía las fuentes consultadas por el periódico, ejem.
Casi apostaría a que, para su edición de mañana, algún tabloide descubrirá una profecía perdida de Nostradamus en la que se cuenta que cierto país por debajo de la Línea Ecuatorial, luego de sufrir tres terremotos en rápida sucesión, verá cómo la Tierra se abrirá desde sus entrañas para tragarse a todos los creyentes incautos que esperan desde que él se murió que un gobernante haga el favor de, bueno, gobernar al país, ni siquiera de arreglarnos el asunto, no, sin que le descubran alguna cuenta millonaria en las Islas Caimán o intenciones de vender parte del Mar de Grau a Chávez porque debajo encontraron petróleo, y oh, sí, claro, que un meteorito le dará a la capital con puntería envidiable y no habrá un Bruce Willis que nos salve mismo Armagedón, *sighs*
Por otra parte, la gran mayoría de la gente no le presta más de tres segundos de atención a toda la recatafila de profecías mayas, al pobre de Nostradamus que no puede ni descansar en paz con tanta mentada nuestra, y las cientos de formas en que la humanidad puede destruirse de imaginativa y finiquitante manera. La onda apocalíptica nunca ha sido una moda de pegada prolongada entre los peruanos, tal vez porque estamos acostumbrados a los fines del mundo recurrentes. Bueno, están las elecciones presidenciales del próximo año. No me dirán que la sola idea de tener que ir a una posible segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Ollanta Humala no es afín a, por ejemplo, escoger si quieres que se acabe el mundo con a) un segundo Meteorito de Yucatán que le dé a Lima esta vez, o b) un guerra nuclear en el que, por un ligero error de cálculo, el misil enviado a EEUU por Rusia termina cayendo en Lima (en fin, todos sabemos que esas cosas tienen un margen de error de varios miles de kilómetros, pero no es nada que no se arregle con una calibrada).
Me gustaría decir aquí que en temas más alegres, vimos Evangelion 2.22: You Can (Not) Advance, pero con el tono más oscuro y pesado que la serie original, esa película es cualquier cosa menos alegre. Para empezar, es posible que nunca se haya visto tanta sangre en anime alguno, y esto no es exageración: el género de mecha se habrá visto de todo, pero sólo en Evangelion las criaturas alienígenas gigantes revientan literalmente en mares de sangre. Oh, y también está el hecho de que el mundo se acaba en esta historia, por supuesto. Grabado para la posteridad está el hecho de que la trama de Evangelion comienza con un gran BOOM y termina con otro gran BOOM, fin de la humanidad de por medio. Lo primero que podría decir sobre la película es que ésta limpia el mal sabor de boca que dejó la anterior, que era un reciclaje y masterización de celdas de la serie original en un 90%. Esta película tiene un argumento que se desliga del original en gran parte, gran animación, personajes nuevos y, hay que reconocerlo, le da a muchos fans lo que querían – al menos, a los fans que siempre resentimos el que Hideaki Anno hubiera metido de su cosecha para cambiar las personalidad de los protagonistas radicalmente (tomando como referencia el manga por Yoshiyuki Sadamoto, el supuesto argumento original para Evangelion).
Ha pasado más de una década desde que vi la serie de tv y hay muchos detalles de la trama que no recuerdo. Eso sí, mi hermano no sólo recordaba hasta qué BGM sonaba originalmente para tal secuencia en la serie original, sino también las tomas por escena (para mencionar, por ejemplo, que en la serie de tv ésa era una toma aérea en 3/4, mientras que en la película ahora es un contrapicado frontal, etc.) El “2.22″ del título no es simple cuestión semántica decorativa, sino que hace referencia a que la versión en DVD contiene escenas nuevas con respecto a la que se estrenó en cines; creo que el lanzamiento del DVD estaba programado para dentro de una semana, pero apareció en internet ayer domingo. Así que todavía espero una versión subtitulada para comprender a cabalidad la trama – y recordar, a pesar de lo mucho de lo que rajo de Hideaki Anno y Gainax, porqué Neon Genesis Evangelion es otro de los pilares del anime.
Ahora tengo un tema no tan alegre tal vez. Por fin logré conseguir una lata de Mr. Super Clear y me dediqué la semana pasada a completar algunas modificaciones menores en mis BJD; de paso, también los desarmé y los limpié. Recordando que uno de los comentarios recurrentes que suelo escuchar sobre mis muñecos es que dan miedo, se me ocurrió tomar esta foto:

Salvando lo de la mano articulada en primer plano, no creo que el resto sea digno de figurar en cualquier película dada de horror del medio… ¿o sí? De acuerdo, tal vez se vea un poco creepy, pero me tengo que preguntar porqué entonces la gente me comenta sobre mis muñecos dando miedo cuando éstos están enteros, armados y no luciendo de esta manera: (more…)