Mis entradas más recientes han sido casi todas del tipo raje-raje-más raje, por lo que quería escribir algo sobre fandoms hoy, pero se me van el día y los muchos temas de los sentía ganas de despotricar. Les tengo, por lo tanto, una entrada un poco aleatoria antes que variada, y como tal, comenzaré mencionando que me pareció que debía hacer una entrada hoy porque esta fecha sólo asoma en nuestros calendarios una vez cada cuatro años.
Veamos qué tiene de interesante un año bisiesto. Aparecen cada 4 años en nuestro calendario, el gregoriano, nombrado así por el Papa Gregorio XIII que lo decretó en 1582. El calendario en el que está basado es el solar (a diferencia de algunos de Asia, basados en el lunar), que se repite cada 146,097 días repartidos en 20,871 semanas y que en total hacen 400 años. De éstos, 303 años tienen 365 días y los restantes 97, 366. Si no me equivoco, la explicación tiene que ver con la duración de la rotación terrestre, ya que un día no dura exactamente 24 horas; cuando el calendario gregoriano (basado en el juliano) fue calculado, se decidió agregar un día extra a los años que fuesen divisibles por 4 para cuadrar esos desbarajustes con las horas (salvo los que fuesen exactamente divisibles por 100, aunque los que son divisibles por 400 también son bisiestos). Terminada la trivia, cuento que mi propósito principal al escribir sobre los años bisiestos tenía un fin fandomera: hablar de los 29 de febrero como una de las fechas favoritas en anime/manga para escogerle cumpleaños a los personajes.
Recuerdo haber leído en algún sitio… Que aquellos que nacen en un año bisiesto tienden a ser más pequeños en estatura que los otros debido a sus cumpleaños llegan sólo una vez cada 4 años. Un par de ejemplos serían Mitsukuni Haninozuka de Ouran High School Host Club y Omi Tsukiyono de Weiss Kreuz. Y estoy segura que hay muchos más ejemplos de personajes nacidos en este día, pero por el momento sólo se me ocurre mencionar a Anthy Himemiya de Utena y Touya Kinomoto de Card Captor Sakura. ¿Recuerdan más personajes?
Terminada la parte fandomera de la entrada, paso a contar que este 29 ha estado… movido para nosotros. Tengo un raje sobre lo que es la comunicación familiar debajo del LJ-CUT, pero antes, la sección de rigor sobre compras en líneas, el correo odiándome y los paquetes que llegan tarde y chancados, pero que llegan. Porque acabo de sacar cuentas y noto que se me acaban de juntar 6 paquetes en el correo (mi hermano se está desesperando por su Rin Tousaka y jura que mañana va al local de Serpost a hacer las indagaciones del caso); acabo de ordenar cierto segundo volumen de cierto juego sobre el que fangirleo (el volumen 1 salió a la venta en agosto del año pasado; se han tardado años con este segundo) y de comprar un muñeco de Totoro (de Tonari no Totoro) para mi hermana – o más bien por encargo de mi hermana, ya que el muñequín será un regalo para un amigo que vive en México… Y si acaso parece que compro en línea demasiado, les diré que hay algo bueno en el hecho de que al menos una vez cada dos semanas llegue a nuestra casa un paquete proveniente de Asia: la gente del correo sabrá automáticamente quién es el destinatario de un determinado ítem, por más que hayan escrito mal la dirección.
Eh, ejem. Sólo cuando entré a mi cuenta de Ebay luego de recibir el paquete me di cuenta de que había olvidado el número de la calle en mi dirección. Me justifico: en la mayoría de las tiendas en línea en donde compro, en cuanto coloco una orden o se me anuncia el envío de un paquete se me dice también en el correo electrónico el nombre del destinatario, la dirección postal, forma de pago, item y monto total pagado o a pagar. Hice mi cuenta en Ebay antes de mudarnos, y aunque actualicé la dirección, olvidé el número de la calle; como las compras en este sitio se hacen de persona a persona, el trato se concretó mediante correos electrónicos privados; el vendedor toma tu dirección y nombre de tu cuenta de Ebay, a menos que tú le indiques otros datos. Y a mí no me ocurrió revisar los míos… Demostrando que a pesar de lo mucho que rajo del servicio postal peruano éste funciona de vez en cuando, mi nendoroid de L me fue traido por los encargados del servicio postal porque reconocieron mi nombre y recordaron la casa (bueno, si el cartero tuvo que venir dos veces en un solo día la semana pasada…)
Al respecto, pueden ver la opinión de L abajo. Y ahora, el raje sobre la familia de la que les comenté al principio de la entrada.

Mi hermana me lo dijo hace un par de días: la familia no tiene problemas de comunicación, sino que el problema es la familia. Pues, la historia va más o menos así: la familia de una tía en Japón necesita completar unos trámites burocráticos y nos remitieron unos documentos para llevar a la embajada correspondiente en Perú. Toda esta semana he estado ocupada yendo a las reuniones de coordinación en el colegito en el que enseñaré (comenzamos la próxima semana); cualquier excusa era bueno para escaparme de otra sesión de cuatro horas en las que la directora nos leería el currículo escolar según ha sido redactado por el Ministerio de Educación, la ley del profesorado, las regulaciones de las unidades escolares distritales, y otros asuntos de interés popular, como se darán cuenta. Y el miércoles mi mamá nos pidió a mi hermana y a mí ir a la Embajada de Brasil llevando el documento que mi tía necesitaba (explicación rápida: el trámite burocrático es para su yerno, que es brasileño). Pasamos primero por casa de una prima a quien le remitieron la carta con el documento desde Japón, y cuando le pregunté cuál era exactamente el trámite que debíamos completar con el documento, ella no supo darnos razón. Llamamos entonces a otra de mis tías (tengo muchas, como verán) que había estado en contacto con los interesados (la familia de Japón), y su explicación era como para despejarte todas las dudas: necesitan ponerle un sello al documento.

L también esté pensando qué quisieron decirme con eso.
Bien. Mi tía de Japón habló conmigo unos días antes para pedirme que cambiara una de las fechas del documento para que “concordara con los trámites que habían hecho recientemente”, y no pude hacerle entender que era ilegal alterar un texto oficial usado en un trámite burocrático, por más que estuve explicándoselo durante 10 minutos. Ignoro qué ocurrió, pero al final me entregaron el documento sin alteraciones (como debía ser) y, como les cuento, me pidieron que lo llevara a la embajada a que le pusieron un sello. BIEN. Pasé otros tantos minutos hablando con mi tía y haciéndole entender que el día en que me presente a una embajada a exigir un sello será la misma fecha en la que me patearán del local expeditamente por bestia, así que tuve que pedirle que me explicara en detalle para qué necesitaba el documento y así, tener algo que decirle a los encargados cuando fuese a demandar el sellito de marras.
Pero llegamos 15 minutos luego de cerrada la atención al público en la embajada, así que mi hermana y yo decidimos volver hoy. Yo tenía otra reunión en la escuelita; mi hermana salió antes para hacer la matrícula en su instituto, y luego fue a la embajada – para enterarse de que para el trámite que mi tía estaba haciendo NO se necesitaba ningún sellito en el documento. Ajá. Y a esa conclusión llegó la funcionaria que atendió a mi hermana luego de una enrevesada discusión, puesto que ella no hablaba bien el español y mi hermana, el portugués. El único sello que la embajada podía estamparle al papel, dijo la funcionaria, era el de legalización, así que por eso se decidió mi hermana (no que tuviera muchas opciones). Yo le di encuentro a ella unas horas más tarde, y aprovechamos para hablar sobre el problema que es la familia (porque la comunicación ya está muy mentada, y ella no siempre tiene la culpa de todo).
Y así regresamos a casa en el preciso momento en que mis padres volvían con mi hermano del doctor (eso lo explico más adelante). Se me ocurrió que, con semejantes explicaciones ofrecidas, mis familiares en Japón no habían investigado bien cómo era todo el trámite que querían hacer; apenas unas horas después llamó mi tía para preguntar sobre el documento, y entonces le conté la pequeña odisea con el documento. Cuando le pregunté cómo era el trámite que estaban haciendo, me respondió que necesitaban la legalización de la embajada brasileña en Perú, y nótese pues que sólo entonces lo mencionó con todo su nombre y todas sus letras. Tengo que preguntarme cómo fue que de “legalización” mi tía pasó a entender que “había que ponerle un sello”; aunque es cierto que en resumidas cuentas en eso consiste el trámite, no creo que la palabra “legalización” se tan complicada como para uno se olvide de ella justo al momento de explicar lo que hay que hacer con un documentito.
En fin, terminé pidiéndole a mi tía que para la próxima vez recuerde dar las referencias lo más claramente posible para evitarnos todos estos problemas, y luego ella habló con mi mamá. Acabada la conversación telefónica, mi mamá quiso saber qué le había dicho a mi tía, ya que según ella yo la había insultado. Sí, sé que hacer trámites burocráticos puede ser hasta ofensivos, pero creo que es la primera vez en que en vez del nombre de la claridad a la hora de expresarse me hayan entendido una grosería.
L dice al respecto…

No es que me moleste demasiado el drama que me armó mi tía. Ya sé cómo es ella, y lo sé lo bastante bien como para no culpar a los problemas de comunicación familiar en esta ocasión – ya que el problema es la familia, ¿ven? Sólo esperen que me disculpen el raje, si han tenido la paciencia de leerme hasta aquí. Toda esta semana ha estado ocupada para mí y hoy, luego de haber dormido menos de tres horas y de estar corriendo de un lado para otro en Lima, como que necesitaba de mi medio terapéutico de relajación favorito para liberar un poco de estrés.
Sobre mi hermano: ha estado sintiéndose mal estos días, con dolores de cabeza y malestar general. El médico de cabecera de la familia decidió pensar en lo más grave primero, y lo envió a una cita con el neurólogo para hacerse una tomografía, temiendo que su coágulo cerebral tenga algo que ver con el asunto. Los resultados saldrán el lunes, pero definitavemente mi hermano se siente mejor ahora, si ya me pidió la dirección del local de Serpost para ir a preguntar por su muñeca (el local está frente a la casa y a unos 10 segundos de distancia, que es lo que te demoras en cruzar la calle) y ha prendido la PC para ver sus descargas. Que conste que sólo la apagó porque mi mamá no pudo dejar pasar la oportunidad para dar un sermón sobre lo peligroso que es tener aparatos eléctricos siempre prendidos y cerca a uno, y cómo es que ella siempre está pidiendo que los apaguemos y nunca le hacemos caso. Por supuesto, su siempre como adverbio de frecuencia es en verdad las ocasiones en las que mi hermano se siente mal y le puede echar la culpa a la PC a falta de otros sospechosos comunes, pero todos sabemos que en mi familia no hay problemas de comunicación. El problema siempre será la familia.
Editado 2: Llegaron casi todos los paquetes que tenía pasmados en el correo y de paso recordé que no eran 6, sino 7 – una orden de DJs de Senbasa demoró casi 3 meses, de modo que ya hasta me había olvidado de ella. Ejem.
La mañana fue otra carrera de largo aliento: tuve que ir a dejar al correo el documento/razón principal de esta raje-entrada y, si bien la oficina de Serpost está al otro lado de la calle, salí a conocer el distrito en lo que iba a comprar, cambiar dinero y regresar con el sol que me faltó para cubrir el importe del envío (nota: enviar correspondencia por correo certificado es carísimo). Por otra parte, el cartero acaba de enterarse que tanto “Noemí” como “Cristina” son la misma persona, o sea yo, puesto que en ocasiones uso sin distinción cualquiera de mis dos nombres al momento de comprar en línea (pero por lo general uso el primero, ya que las tiendas me piden que mi nombre aparezca exactamente como en mi tarjeta de débito). Hoy tenía dos paquetes, uno para una Noemí y otro para una Cristina, y sólo cuando le firmé el parte cayó en la cuenta. Me preguntó incluso si era familiar de “los que tenían una ferretería en la primera calle”, y le dije que sí… para darme cuenta después de que soy tan familiar, que de hecho somos la misma persona. Verán, antes de mudarnos yo solía enviar mi correspondencia a la ferretería de mi tía (y ella me hacía llegar los paquetes a mí).
Y como no todo es felicidad completita y absoluta JAMÁS, ahora los de Yesasia me están cobrando doble (o sea, me hacen la cobranza dos veces) por ese cierto manga de ese cierto juego de video que me gusta. Entre pagar por la siguiente muñeca Revoltech de mi hermano y el peluche de Totoro de mi hermana, me queda la cantidad exacta para pedirme el manga – y, claro, está el asunto de que el sistema de esta tienda en línea no debería estar tratando de exprimir mi tarjeta de débito por duplicado. Voy a comenzar a antirecomendar esta tienda en línea…