No, no olvidé que existía mi blog, o que ya llevo un par de semanas de retraso con los scans de doujinshi que por los ciclos de los ciclos seguiré debiendo. Lo que sí olvidé mencionar hace unos cuatro meses es que decidí obtener mi certificado de profesora de inglés, oficial y avalado, por lo que he regresado a terminar mis estudios en el ICPNA después de un periodo de tiempo que se acerca a los ciclos de los ciclos que menté antes. Pues, previamente a estos estudios la última vez que llevé un curso en el ICPNA fue cuando todavía estaba en el colegio, de allí que hable de tiempos pasados… que fueron anteriores. Y aunque mi rutina no ha variado realmente -aun sigo dándoles clases a mis sobrinos por las tardes, por ejemplo-, los cursos en el ICPNA están divididos en módulos mensuales. Me contaba un profesor que se decidió cambiar un poco la forma de evaluar apenas a principio de este año, de modo que en vez de los tradicionales exámenes teóricas y las prácticas periódicas, ahora las pruebas agrupan varios áreas de conocimientos. Lo que a su vez se traduce a que la presentación del trabajo final de cada módulo toma un par de días, y el examen se hace en dos partes también. Lo que a su vez de su vez resulta en tener la última semana de cada mes en uno de esos correteos que suelen ocurrir cuando todo se te junta al mismo tiempo.
Y estuvo el agregado de que para el módulo pasado, el profesor decidió cambiar el proyecto final porque consideró que no ayudaba con el aprendizaje, y en vez de una simple presentación individual optó por un trabajo en parejas. Y sorprendentemente… la compañera con la que hice tal trabajo y yo logramos presentar un buen proyecto a pesar de los problemas de coordinación que tuvimos: ella insistió en comunicarse conmigo por teléfono celular y yo le pedí su email, los medios que ambas preferíamos, de modo que al final yo no llegué a contestar su llamada y ella nunca mi mensaje. ¿He comentado que detesto los celulares? Sí, tengo uno y sé cómo usarlo, pero no esperen que lo lleve conmigo 24 horas al día y que siente hace él tanto apego material, que hasta duerma con el aparato al lado o me lo lleve a la ducha, así que, amigos y conocidos que siempre se quejan conmigo porque por lo común nunca contesto a tiempo las llamadas, ya saben el porqué. Y, en fin, mi compañera no se lleva bien con la tecnología en general, como ella misma dice, por lo que incluso prefiere hacer los trabajos a mano en vez de usar la PC. El problema final de coordinación se dio el mismo día en que debíamos hacer la presentación: nos pusimos de acuerdo en una hora y yo llegué unos 10 minutos tarde, pero ella arribó hora y media después. Prácticamente íbamos repasando la presentación mientras subíamos al sétimo piso por el ascensor, pero… ¿quién lo hubiera dicho? Por alguna razón, el trabajo final nos salió mucho mejor que los ensayos. Lo atribuiré a la improvisación dando resultados inesperados. O de repente sólo fueron los puntos extras a la inspiración que la desesperación final pueden proveer…
Y, sin embargo, el estrés de la semana final de clases no explican el prolongado abandono de blog. Para éso tengo otra excusa: como esos días también concordaron con las celebraciones por el aniversario del colegio de mis sobrinos, no tuvieron clases conmigo tampoco y me dediqué en cambio a ver dramas japoneses. Me gustaría decir que prefiero estos dramas (que en realidad pueden ser de cualquier género y tipo de trama; “drama” es el nombre genérico con el se los conoce en Japón) porque por lo común tienen el formato llamado renzoku, de entre 10 a 14 episodios de alreadedor de 50 min cada uno. No suelo ver anime porque tiende a aburrirme ver varios episodios… pero como verán, si dividen un episodio de drama japonés en dos ep. de 24 min cada uno, tenemos una temporada estándar de anime de 24-26 capítulos, así que en esencia es lo mismo. Repasando el asunto, me parece que prefiero entonces los dramas porque el mismo formato en el que están presentados permiten una narración más cohesiva y un desarrollo de trama y personajes más enfocado: no es raro que estas series suelan dedicar un episodio completo a un personaje en particular. Si tuviera que compararlo con algunos animes, en los que nos pasamos 20+ episodios sin saber de qué va la trama, o preguntándonos qué rol pinta tal o cual personaje que gravita por allí sin más, o más aun, todos esos títulos que te piden que sepas de la novela, el manga, los CD dramas, la película y los juegos de video para que el argumento tenga siquiera un poco de sentido para uno…
Lo que me recuerda que pasé recientemente por una librería y vi que se promocionaba el libro de un muy reconocido autor (consagrado es la palabra que se usa) como “la historia en la que se basa la película”. ¿Recuerdan cuando se nos decía que tal bestseller o éxito de crítica iba a tener una versión fílmica? Pues, como verán, ahora es que si hay película de él, el libro debe tener algo para haber llegado a la pantalla gigante, ¿no? O en otras palabras, si no hay película a nadie le importa el libro. Este pequeño raje venía a colación porque, en primer lugar, era un raje y estaba ese impulso primordial que me impedía pasarlo por alto, y en segundo lugar, porque quería contar cómo era que antes solíamos leer el manga y luego ver el anime. Bien, aún lo hacemos, pero al darle un vistazo rápido a las nuevas series de tv y películas en estreno, la moda parece ser hacer adaptaciones de light novels. El internet ha hecho mucho más fácil ver anime y tenemos varios sitios web que transmiten simultáneamente, o una escasa hora después, los episodios de series populares, de modo que siento que hoy en día nos enteramos primero de la serie de tv y luego buscamos el manga (o novela) en el que está basada. Y así es como llego a lo que quería decir en principio: en mi caso, siento que lo que me está pasando es que primero conozco del drama y luego le echo un ojo al manga en el que está basado. Me ha pasado con Crows, aunque opino que el manga por Hiroshi Takahasi adolece de personajes o una trama realmente interesante (en contraste con las películas), y luego con Rookies, que fue justamente el drama que terminé de ver en la semana pasada. Por lo que he leído del manga por Masanori Morita, el drama es mayormente fiel a éste, aunque por el hecho de tener que comprimir 20+ volúmenes en 11 episodios y una película, y tratándose de una historia con más de una docena de personajes regulares, se tuvo que dejar de lado mucho de la trama referido a los personajes y sus historias. Y ya que Rookies trata sobre un grupo de delincuentes reformados cuyo sueño es llegar al campeonato de béisbol de preparatorias japonesas, pensé que tal vez el drama me ayudaría a entender un poco más este deporte. Suposición fallida: de hecho, creo que luego de ver la serie el béisbol me pareció mucho más complicado. Per logré entender las bases del deporte después de mi hermano me las explicara. ¿Debería mencionarlo? Me parece curioso que él sepa un tanto sobre cómo jugar Mahjong debido a un par de animes centrados en este juego que vio (razón por la cual también sabe de béisbol). Como para no decir que del anime no se aprende nada.
A todo esto, no he escrito porqué comencé a ver dramas en primer lugar. Historia corta, narración mía larga. Y, además, a raíz de la entrada anterior descubrí que, para mí, tan divertido y desestresante como ver dramas, es tomar capturas de dramas para luego hacer más entradas fandomeras. A continuación, los mencionados comentarios fandomeros y posiblemente algunos spoilers de la serie de tv Hanazakari no Kimitachi e.
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