Those long days passing by from that door, like late summer. They slowly fade away.

Heaven, Persona 4

Sin Título

La Fundación contaba con una sala de conferencias. Más bien, Gaignun, en su calidad de fundador y presidente, contaba con una sala de conferencias. Por mero protocolo en realidad; recibir al comité ejecutivo, a algún accionario o al presidente de una compañía rival o asociada siempre requería de un lugar físico en donde sostener tal reunión. Era tan importante como la presencia física de quien dirigía la conferencia, opinaba Jr. que opinaba Gaignun, porque si alguna vez uno de los dos tuvo un manual de liderazgo empresarial para guiarse, nunca se lo mostró al otro.

A veces, Jr. pensaba que hubiera sido útil el tener uno por escrito y a la mano para mostrárselo a Gaignun en determinados momentos. Sí, pensaría a su vez cualquiera que se hubiese tomado siete segundos de su tiempo para conocer al vicepresidente y vicerepresentante de la Fundación Kukai, Jr. sabía mejor que nadie cómo hacer uso del protocolo. Sacudiéndose el sarcasmo de encima, Jr. pasaba luego a considerar que no, tal vez útil no era la palabra que debía usar en su primer pensamiento. Más bien, funcional.

Gaignun era un hombre funcional. No tanto pragmático sino funcional, dijo Jr. justamente después de enterarse de la última adquisición de Gaignun. Hecha sobre pedido con un costo total que también les hubiese facturado, por ejemplo, ponerle dos picos a la montaña de la Fundación en vez del solitario acabado agudo contra la nada del espacio que ahora y siempre había lucido. Nada de qué sorprenderse allí, dijo Jr., porque la nueva pieza de decoración funcional de Gaignun era una mesa de madera.

Siguiendo unos hechos personales que tenían que ver con otra mesa de madera, un pedazo de marfil trabajado y un tiro con mucho, demasiado efecto, Jr. se había hecho la idea de no volver a discutir asunto alguno que tuviera que ver con mesas por un buen tiempo. Y así lo había hecho por un buen tiempo ya, por lo menos, el tiempo que le había parecido lo bastante bueno y largo como para borrar de su mente bolas con efecto, hasta ese día en que entró a la sala de conferencias y le echó un vistazo a la millonaria (en costo) mesa nueva.

Fue un vistazo bastante geométrico, puesto que lo primero que Jr. notó de la mesa fue su forma triangular. Por supuesto, estaba dispuesta triangularmente horizontal sobre el piso, o perpendicular a éste; desde el punto de vista de Jr., la geometría que lindaba con la trigonometría podía ocurrir hasta en las mejores familias, pero era algo que a él definitivamente no le iba a pasar nunca, no si podía evitarlo. La mesa y su forma triangular, en cambio, eran algo que sí estaba ocurriendo, pero desde esta perspectiva: sólo era una pieza de mueblería antigua, un tipo de arte elevado a ciencia perdida (o tal vez era al revés; Jr. tampoco estaba muy seguro del orden de los hechos), que en la práctica y funcionalidad se componía de una tablero sostenido por tres patas. La gente se sentaría a cada lado de la mesa, tal era su propósito.

Y el propósito, valga la redundancia, era funcional. Quien presidía la conferencia tomaría asiento en el lado más estrecho de la mesa, es decir, la base, señal inequívoca de que de hecho estaba presidiendo la reunión. Lo que hacía pensar a Jr. que cavilar sobre la funcionalidad podía llevarlo a la redundancia sintáctica de la reflexión sobre decoración de interiores, así que se obligó a pasar a la siguiente línea de razonamiento, el protocolo.

Y así fue como terminó por pensar que el protocolo podía perderse en las nebulosas del infierno congelado espacial cualquier día de éstos, si era él quien tenía que explicarle a Gaignun que las mesas de conferencia solían ser circulares no porque literalmente descuadraban la línea recta del resto de la decoración interior, sino porque tradicionalmente los conferencistas debían ser capaces de verse los unos a los otros. Sin mencionar que, por más que hubiese una cabeza visible diridiendo la reunión, nadie se esperaba que ésta tomara el asunto tan al pie de la letra.

Jr. recordaba una historia sobre una mesa redonda a la que se sentaban algo así como conferencistas en reluciente armadura, pero antes estaba dispuesto a intentar otro efecto a tener que comentarle a Gaignun aleccionadoramente el significado de tener una mesa circular.

FIN


Notas
El anterior minific nació de un plotbunny que tenía que ver con un hombre de negocios, una sala de conferencias y la razón por la cual las mesas usadas en tales reuniones son circulares o en forma de media luna. Y pensar que el plotbunny derivó de una discusión sobre decoración de interiores que tuve con mi hermana…

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