Sin Título
Este ficlet nació a raíz de un iluminador raje que mi hermano hizo después de ver un episodio de Yuugiou GX en la tv; escribí unas 1,000 palabras antes de que el bloqueo inspiracional atacara. Pero transcribiendo lo poco que llegué a garabatear, se me ocurre que el fandom de YGO todavía me divierte lo bastante como para intentar continuar este especie de ficlet en un fic; por supuesto, OOC, situaciones sin mucho sentido lógico, prosa redundante y todas esas cosas que pueblan mis historias cuando escribo algo de YGO mediante.
Ubiqué este ficlecito en algún punto del espacio-continuo del tiempo luego de finiquitada la historia, versión del manga para más señas. De allí que me refiera al espíritu del faraón viejo como “Atem” pero el resto del cast lo llame “Yuugi”… Es que hay costumbres que nunca se quitan.
Y, bueno… Dénle una mirada si todavía les interesa.
La primera línea era importante. El primer párrafo definía la métrica, el ritmo, el estilo, y en ocasiones, incluso la trama. Era por ello que el inicio debía golpear a la audiencia, impactar, y al mismo tiempo sentar las bases para lo que venía a continuación, atrapar, y obligar a que los interesados continuaran pendientes del desarrollo de las acciones.
Era un arte el empezar.
El terminar, claro está, ya requería de algo más de maña y menos técnica, y había gente que podía quemar todas sus posibilidades en el primer paso. Como Seto Kaiba, por ejemplo, quien había llevado lo anteriormente mencionado a nivel de ciencia exacta.
-Activo esta carta trampa -anunció, y fue lo bastante obsequioso como para describir qué pasaría a continuación, a mediato y largo plazo-. Esta carta destruye a todas las criaturas del campo, lo que activa a su vez a esta otra carta trampa que obliga a sacar del cementerio a dos criaturas con un valor no mayor a cuatro estrellas entre ambas, con lo que puedo activar la habilidad especial de mi criatura apenas resucitada, que hace que tú y yo intercambiemos una criatura y se activa mi tercera carta trampa en cadena, que me permite convocar un dragón de mi baraja sin pagar el coste gracias a la habilidad disparada de mi segunda criatura, ya que ésta ha entrada al juego no desde mi mano pero sí en tu lado del campo. Así que…
Entre el arte del inicio y la técnica del final, estaba la metodología de la interrupción. Pero en vez de adherirse a toda una serie de pasos previos, actuales y posteriores, Atem prefería el enfoque más directo, más cortante y por ello mismo más finiquitante: él simplemente interrumpía.
A diferencia de Kaiba, Atem no sólo estaba unos 30cm más cerca de la tierra -sin contar las puntas del cabello ni las plataformas de los zapatos-, sino también se creía más dueño de la victoria que su sempiterno oponente. En el extremo contrario del campo de juego, de pie y enarbolando una reliquia de oro de tres milenios de antigüedad con forma de pirámide como si se tratara de una arma -en realidad, lo era-, Atem levantó una mano y mostró una única carta.
-Espera, Kaiba -dijo-. Un hombre como tú da demasiados pasos a la vez pero nunca llegad demasiado lejos. ¡Y es tan fácil el leerte…!
A ambos lados del campo de duelo, una plataforma elevada, estaba la audiencia. A la derecha, por parte de Atem, dos expectadores seguían los hechos con un desinterés a prueba de mejores y menos predecibles jugadas.
-Ya comenzó con el discurso prepateadura de trasero -dijo Jounouchi, apoyándose en la baranda.
-¿Y? ¿Apuestas que este juego no va a durar mucho? -preguntó Honda, de pie junto a él y con las manos en los bolsillos.
A la izquierda, un menudo muchacho de hirsutos cabellos negros mostraba un poco más de interés en lo que ocurría, pero el entusiasmo no era algo que lo embargara en demasía.
-Hermano, déjalo ya -dijo Mokuba-. ¿No es el cuarto duelo consecutivo que tienes contra Yuugi?
-¡Pongo en campo esta carta! -anunció Atem.
-¿Qué pasa, Yuugi? -se burló Kaiba-. ¿No vas a intentar detener mi estrategia ahora?
Atem rio entre dientes.
-No me hace falta, Kaiba. ¡Tengo todos tus movimientos estudiados y es por eso que esta carta se activará sólo en el momento preciso!
-¡Esa confianza es la que te costará caro, Yuugi! -gritó Kaiba.
-Escúchalos -dijo Jounouchi-. Y ahorita te salen con que así salvan al mundo, derrotan espíritus malignos de tres mil años de vejetud encima, y traen la paz global.
Versados como estaban en varias artes, ninguno de los dos rivales era particularmente ducho en la práctica de intercambiar insultos con estilo, o con falta de uno en todo caso.
-Lo peor del sunto es que sí lo hacen -dijo Honda.
-¿Qué? ¿Salvar al mundo y traer la paz mundial? Estaba bromeando, amigo. La única forma en que se me ocurre que estos dos podrían salvar lo que sea, es que… Eh… Ah…
-¡He destruído todos los dragones que tenías en campo, Kaiba!
-…Que Kaiba ponga una subsidiaria de su compañía en África y dé trabajo a los niños huérfanos de la guerra…
-¡Has activado la habilidad de esta carta de dragón, que me permite regresar al campo a tres criaturas de más de 3 estrellas destruídas en los últimos dos turnos!
-Nada más no te olvides que pasaron una ley en Norteamérica para evitar la importación de juguetes hechos por niños.
-¡Activo mi segunda carta trampa, que hace un daño de 5000 puntos a sólo criaturas de más de 4 estrellas!
-Ah… No me digas. No sabía. Sería mal negocio para Kaiba. Aparte de que se quedaría sin mano de obra esclavizada, ¿te imaginas? Todos esos pobres niños tendrían que prostituirse para pedir ganar el pan. O sea, ¿qué otra empresa maligna capitalista les daría trabajo?
-¡Ja, ja, ja! ¡Estaba esperando este momento, Yuugi! ¡Sabía que harías esa jugada! ¡Y ahora, activaré esta carta trampa que anula tu carta trampa!
-Me llegas al corazón, Jounouchi. Ni por aquí se me hubiera ocurrido que de tu boca saldieran agudezas sociales como ésa. ¿Qué has estado comiendo que aparte de dispararte la inteligencia, te dio consciencia social?
- Ja, ja… Así es, Kaiba. Te dije que tenía prevista toda tu estrategia, ¿o no? Pues ahora es cuando te lo muestro. ¡Activo mi carta Anti-Cague, que anulará la carta trampa que anula mi carta trampa!
-Leo periódicos, hermano. Le he estado leyendo periódicos todos los días a Shizuka, ya sabes, como para ayudarla con su lectura, como animándola, y que se acostumbre a ver letritas y numeritos porque ya regresa a la escuela.
Y de pronto, el silencio. No el tipo de silencio que inunda un sitio porque nadie está haciendo ruido, sino más bien la ausencia de sonido que se da cuando todos olvidan cómo producirlo. En la sala, en ese momento, cada cual descubrió que el otro no estaba hablando.
Jounouchi se apoyó en la baranda y pareció empequeñerse bajo el opresivo peso de toda su pereza y desidia concentradas, miró a los dos contendientes que hasta hace unos 5 segundos habían estado hablando con varios signos de interrogación al principio y al final de sus oraciones y que ahora estaban lanzándose vocativos altisonantes por el medio visual, pero sin vocalizarlos verbalmente.
-Oye, Honda, ten la amabilidad de recordármelo porque a mí ya se me olvidó. ¿Qué estaba pasando por aquí?
-Kaiba y Atem estaban teniendo un duelo mientras tú hablabas de los niños prostituidos por la inactividad económica del capitalismo en África – contestó Honda, revisando distraídamente la hora en su reloj-. Pero Atem acaba de cuadrar un combo dentro del combo que tenía preparado desde hace como 17 turnos, y parece que aparte de cagarle el juego a Kaiba, ya ganó. ¿Qué dices tú, Mokuba? ¿Cómo queda el marcador?
Desde el extremo opuesto de la sala, el muchacho aludido dijo:
-Pues parece que sí, ya se acabó. Con éste son cinco Yuugi, cero mi hermano.
Narración interruptus aquí, por razones reñidas con la falta de inspiración. Consideren ésto como el final del ficlet, aunque con posibilidades de que el OOC continúe.
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